Puede que nunca lo hayas mirado así, pero cada deseo que aparece en ti nace como una ola silenciosa:
un vacío que empieza a moverse, una ausencia que despierta.

Yo, que vivo entre mareas antiguas y corrientes profundas, sé que ningún deseo surge por capricho.
Nace porque algo dentro de ti quiere expandirse, recordarte que sigues viva, que aún hay algo esperando emerger.

Desear no te hace incompleta.
Te hace consciente.


🌊 Cuando la falta se convierte en movimiento

Sé que no siempre es fácil mirar lo que te falta.
A veces lo sientes como una grieta que preferirías ocultar.
Pero tu dolor no viene de ese hueco, sino de no saber cómo escucharlo.

Cada vez que sientes un “quiero”, incluso uno pequeño,
se enciende dentro de ti una chispa sagrada:
el impulso de crecer.

Un deseo es una llamada.
No para llenarte… sino para moverte.


🐚 El deseo como idioma secreto del alma

El deseo no nace en la mente ni en el cuerpo.
Surge desde un nivel más profundo, ese lugar donde tu energía interior decide manifestarse.

Por eso lo sientes antes de pensarlo:
una imagen que no se va,
una sensación insistente,
una intuición que te toca por dentro.

Si no entiendes ese idioma, puedes confundir deseo con ansiedad,
o con hambre de cosas externas.

Pero cuando te detienes un segundo para sentir,
descubres algo sencillo y hermoso:
el deseo es tu brújula interior.

Te señala hacia lo que tu alma quiere experimentar,
no hacia lo que tienes que poseer.

Desear no es estar rota.
Es escuchar el eco de tu completitud llamándote desde dentro.


💦 El ruido del mundo y la confusión moderna del deseo

La superficie del mundo está llena de voces que te dicen qué deberías querer.
Más, más, más… como si la vida fuese una carrera sin meta.

Pero lo auténtico no grita.
Susurra.

Y, curiosamente, muchas veces susurra en la dirección contraria a lo que todos esperan de ti.

Cuando confundes deseo con:

  • necesidad de aprobación,

  • acumulación,

  • o miedo a quedarte atrás,

dejas de sentir y empiezas a correr.

El deseo se vuelve compulsión.

Pero el deseo verdadero —el tuyo, el íntimo, el que nace hondo—
no busca llenar huecos.
Busca expandir tu alma.


🌊 El deseo como corriente viva

El deseo es una corriente.
Y las corrientes no pueden ser atrapadas ni retenidas.

Si lo reprimes, se pudre en forma de culpa o tristeza.
Si lo sigues sin conciencia, te arrastra.
Si lo escuchas con serenidad, te guía.

A veces te empuja hacia alguien.
A veces hacia una experiencia.
A veces hacia una herida que aún pide luz.

Incluso los deseos que luego llamas “equivocados”
tienen un propósito:
mostrarte en qué parte de ti aún estás dormida.

Comprender el deseo no significa obedecerlo.
Significa mirarlo sin miedo.


🐚 La carencia: esa maestra disfrazada

Puede que huyas del vacío, pero déjame decirte algo desde mis tres corazones:
la falta no es una enemiga.
Es una puerta.

En las grietas del fondo marino encuentro refugio.
En tus propias grietas, tú encuentras luz.

La carencia que duele es solo la voz de algo que quiere nacer dentro de ti.
Si la ignoras, se vuelve sombra.
Si la escuchas, se convierte en alquimia.

El alma no desea para castigarte.
Desea para evolucionar.


⭐️ Escuchar el mensaje oculto del deseo

Cuando sientes que algo te falta, tu primer impulso suele ser llenarlo rápido:
comida, distracción, compañía, ruido, metas.

Pero el deseo no quiere velocidad.
Quiere verdad.

No siempre deseas el objeto, sino la emoción que proyectas en él.

Si deseas viajar, quizá buscas libertad.
Si deseas amor, quizás anhelas ternura.
Si deseas crear, tal vez intentas recordar quién eres sin máscaras.

El deseo se convierte en brújula cuando lo miras con honestidad,
no cuando corres detrás de él.


💦 El cuerpo: el primer traductor del deseo

Antes de que tu mente entienda algo, tu cuerpo ya lo sabe.

El corazón cambia de ritmo.
La respiración se agita o se calma.
La piel responde.

Negar un deseo es negar la forma en que tu cuerpo comunica.

No necesitas controlar tus impulsos,
solo aprender a escucharlos sin miedo.

El cuerpo nunca miente.
Te dice lo que tu mente no sabe poner en palabras.


🌊 El deseo consciente: cuando eliges en lugar de reaccionar

Hacer un deseo consciente no es reprimirlo.
Es iluminarlo.

Cuando miras un impulso con calma, descubres su origen:

  • algunos vienen del amor,

  • otros del miedo,

  • otros de un hábito que ya no encaja contigo.

Un deseo consciente no dice “quiero porque me falta”.
Dice:
“quiero porque soy”.

Esa diferencia transforma toda tu vida interior.


🐚 El ciclo natural del deseo

Todo deseo sigue el mismo movimiento que una marea:

nace,
crece,
se expresa,
y se disuelve.

Sufres cuando quieres retener una ola más allá de su tiempo
o cuando no te permites despedir un deseo ya cumplido.

Vivir sin desear apagará tu fuego.
Vivir esclava del deseo agotará tu alma.

La sabiduría está en el punto medio:
desear sin perderte, soltar sin romperte.


⭐️ Cuando el deseo se vuelve propósito

En el fondo, todos tus deseos llevan hacia el mismo océano interior:
querer ser tú de forma más plena.

El amor, el reconocimiento, la creatividad, la belleza…
son solo formas distintas de un mismo impulso.

Cuando comprendes esto, el deseo deja de perseguirse
y empieza a dirigirse.
Deja de doler
y empieza a guiar.

El alma utiliza el deseo como un hilo dorado que te conduce
de una experiencia a otra
hasta que descubres que el verdadero tesoro nunca fue la meta,
sino la transformación que viviste en el camino.


🌊 Vivir en paz con lo que deseas

Comprender el deseo no significa apagarlo.
Significa convivir con él con suavidad.
Desear sin ansiedad.
Amar sin poseer.
Moverte sin huir del presente.

Cuando llegas ahí, el deseo deja de ser tormenta
y se vuelve música interior:
una corriente que te impulsa sin arrastrarte.

Porque al final, la carencia que creías una herida
era el lugar exacto donde empieza tu creación.

🐙✨
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