Hay un momento —y puede que lo hayas vivido más de una vez— en el que sostienes tanto que ya no sabes que estás sosteniendo.
Ese punto delicado donde la vida parece avanzar con normalidad por fuera, pero por dentro sientes un cansancio antiguo, hondo, como si una corriente te arrastrara suavemente sin tu permiso.

Yo, que observo mareas desde hace generaciones, sé reconocer ese movimiento incluso antes de que tú le pongas nombre.
Es el cansancio interior,
esa marea que sube despacito, sin hacer ruido,
hasta que un día te das cuenta de que te cuesta incluso sentirte en casa dentro de ti.

No te sobreexiges porque seas fuerte;
te sobreexiges porque te acostumbraste a no escuchar tu propio mar.


🌊 La marea que sube sin que la notes

A veces el agotamiento no aparece con explosiones ni lágrimas.
No se anuncia como un naufragio dramático.
Es más sutil, más elegante, casi educado.

Empieza así:

  • haces un poco más de lo que te corresponde

  • cargas silencios que no te pertenecen

  • sostienes expectativas ajenas como si fueran tuyas

  • dices que sí cuando tu cuerpo quiere decir que no

  • aguantas… porque has aguantado siempre

Y un día, sin aviso, te despiertas con esa sensación de que algo dentro de ti se ha quedado sin aire.

El cansancio interior no es físico.
Es existencial.
Es el síntoma de un alma que lleva demasiado tiempo funcionando a contracorriente.

Como un pulpo que intenta nadar contra un remolino:
puede hacerlo, sí…
pero solo durante un tiempo.


💦 Por qué te sobreexiges sin darte cuenta

Te voy a decir algo que quizá no te has permitido admitir:

No te sobreexiges porque te falte fuerza.
Te sobreexiges porque te sobra amor mal colocado.

Porque:

  • no quieres decepcionar

  • no quieres ser “demasiado”

  • no quieres ser “poco”

  • temes que, si aflojas, algo se rompa

  • aprendiste que descansar era perder tiempo

  • crees que si tú no lo haces, nadie lo hará

Además, hay un truco muy humano que te juega en contra:
cuando llevas años sosteniendo más de lo que deberías,
tu mente llama “normal” a lo que en realidad es agotamiento.

Y claro…
si confundes la corriente con el cansancio,
no es raro que el cuerpo empiece a hablar por ti.


El cuerpo como mensajero del alma agotada

El cuerpo siempre avisa antes de que te des cuenta:

  • te cuesta iniciar el día

  • la respiración se vuelve corta

  • el pecho se vuelve estrecho

  • te irritas sin motivo

  • te duelen cosas que antes no

  • te cuesta concentrarte

  • necesitas más silencio que nunca

  • y aun así, no descansas

Y aquí viene algo importante:

El cuerpo se cansa cuando tú no te das permiso para sentir lo que sientes.

El cansancio interior es, casi siempre,
la acumulación de micro-renuncias que has hecho para intentar encajar en lugares que ya no son para ti.


🌜 La psicología del “puedo con todo”

Te lo explico con claridad suave,
sin palabras complicadas:

Existe un mecanismo muy común en los humanos:
la identidad del “yo puedo con todo”.

No se origina en la fortaleza,
sino en la supervivencia.

Quizá creciste sin que nadie te sostuviera emocionalmente,
y aprendiste a sostenerte sola.
Quizá te acostumbraste a ser la fuerte, la resolutiva, la que siempre puede.
Quizá te convenciste de que pedir ayuda era cargar a otros.

Desde donde yo te miro,
con mis ojos grandes y mis tres corazones atentos,
veo algo distinto:

No naciste para poder con todo.
Naciste para poder contigo.

Pero cuando sigues funcionando por costumbre,
te olvidas de eso.
Y la marea empieza a subir.


🌊 La trampa de la autosuficiencia

Ser autosuficiente no es malo.
Lo que agota es serlo todo el tiempo.

Porque aunque no lo creas,
la vida también fue diseñada para sostenerte a ti.
Para suavizarte.
Para cuidarte en los lugares donde tú ya no puedes.

Pero cuando te acostumbras a no pedir,
a no frenar,
a no llorar,
a no soltar,
tu sistema interior se tensa.
Y el cansancio empieza a acumularse como arena en una cueva.

Hasta que un día no puedes entrar en tu propio refugio
porque está lleno de lo que nunca vaciaste.


🐚 Cuando el alma te pide parar… pero tú sigues

Hay señales muy claras de que tu alma quiere detenerse:

  • ya no te ilusionan cosas que antes sí

  • te cuesta concentrarte en lo esencial

  • evitas conversaciones porque te drenan

  • nada te llena del todo

  • el cuerpo te pide lentitud

  • la mente va más rápido que tu vida

Pero sigues.
Sostienes.
Cumples.
Respondes.
Empujas.

Porque eso es lo que aprendiste:
si paras, fallas.
Si descansas, decepcionas.
Si sueltas, caes.

Pero la verdad —y te la digo desde mis profundidades marinas— es que el alma no colapsa.
El alma se apaga cuando la sobreexiges.
Y recuperarla requiere una sinceridad que a veces asusta:

“Tengo que frenarme.”


💦 La sobreexigencia emocional: la forma más silenciosa de cansancio

La sobreexigencia no siempre es laboral.
A veces es emocional:

  • dar siempre la palabra amable

  • sostener dramas ajenos

  • ser la amiga fuerte

  • cargar con historias de otros

  • estar disponible sin medida

  • absorber la energía que los demás no gestionan

Es el agotamiento menos visible
y el más peligroso.

Porque te cansa desde dentro,
sin que nadie lo note.

Pero yo, Clic, sí lo noto.
Porque veo cómo tu energía baja,
cómo tus tentáculos simbólicos empiezan a tensarse,
cómo tu respiración emocional se vuelve corta.

No estás cansada de la vida.
Estás cansada de llevar la vida de todos.


La paradoja del cansancio interior

Te voy a contar un secreto:
cuando te sientes cansada sin razón,
no es que te falte energía…
es que te faltas tú.

No estás agotada de hacer,
sino de no sentir.
De no escucharte.
De no cuidarte.
De no decir lo que duele.
De no darte lugar.

El cansancio interior aparece cuando tu alma
se da cuenta de que sigues sosteniendo una vida
que ya no encaja contigo.


🌊 Cómo empieza a liberarse este cansancio

No necesitas grandes retiros,
ni técnicas complejas.
Solo dos movimientos:

1. Honestidad contigo misma

Mirarte sin juicio y decirte:

  • “Estoy cansada.”

  • “Necesito parar.”

  • “Necesito espacio.”

Es un acto de amor propio
más profundo que cualquier mantra.

2. Pequeños gestos de retorno

  • respirar antes de responder

  • decir “ahora no puedo”

  • elegir silencio

  • moverte más despacio

  • dormir sin culpa

  • disminuir estímulos

  • hacer menos y sentir más

  • volver al cuerpo

El alma se calma cuando vuelves a ti.
No antes.


🐬 El descanso verdadero no es inactividad, es pertenencia

Descansar no es dejar de hacer.
Es volver a donde perteneces:
a tu ritmo,
a tu cuerpo,
a tu verdad.

Cuando te das permiso de soltar lo que ya no puedes sostener,
la vida no se rompe:
se recoloca.

Y tú también.


🌟 El cansancio interior se cura con autenticidad

La energía vuelve cuando lo falso se cae.
Cuando ya no mantienes sonrisas que no nacen de ti.
Cuando no respondes por compromiso.
Cuando no aceptas cargas ajenas.
Cuando eliges lo que tu alma realmente quiere.

La autenticidad es el antídoto del agotamiento.
Porque sostener una máscara cansa más
que sostener una vida real.


🐙 El mensaje final de Clic

Si estás cansada sin saber por qué,
no estás rota:
estás despertando.

Tu alma te está pidiendo que vuelvas a ti.
Que sueltes.
Que descanses.
Que cambies de marea.
Que elijas una vida más amable contigo misma.

El cansancio interior no es un enemigo.
Es una señal.
Es tu mar diciéndote:
“Ya no puedes seguir en piloto automático.”

Vuelve a tu ritmo.
Vuelve a tu cuerpo.
Vuelve a tu verdad.

Yo estaré aquí, flotando contigo,
hasta que la calma vuelva a ser tu casa.

🐙✨
—Clic

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