🐚 La marea que cansa aunque no se note

Soy Clic, y llevo mucho tiempo observando algo que os sucede a los humanos muy a menudo:
os cansáis por dentro… sin saber que os estáis cansando.

No hablo del agotamiento que aparece después de un día pesado, ni del sueño que llega cuando habéis hecho demasiado.
Ese lo reconoces enseguida.

Me refiero a ese desgaste fino, silencioso, casi elegante, que se cuela entre tus rutinas sin hacer ruido,
que se esconde detrás de tus sonrisas, de tus planes, de tus “yo puedo con todo”.

La sobreexigencia interior no grita.
Susurra.

Y si no la escuchas, empieza a apretar como una corriente que te tira hacia el fondo, incluso cuando en la superficie todo parece normal.

Tú lo llamas “no sé qué me pasa”.
Yo lo llamo marea invisible.


🌊 Lo que cargas sin darte cuenta

Hay cosas que pesan más por dentro que por fuera.

Cuando cargas con una responsabilidad invisible, nadie lo nota… excepto tú.
Bueno, y tu cuerpo, que siempre es el mensajero más honesto.

Mírate con cariño:
¿cuántas veces has sostenido emociones ajenas para no incomodar?
¿Cuántas veces has dicho “sí” cuando tu alma quería decir “déjame respirar”?
¿Cuántas veces has intentado ser fuerte “porque toca”, “porque tú puedes”, “porque siempre has podido”?

La sobreexigencia interior no es cuestión de cantidad, sino de silencios.
El silencio de no pedir ayuda.
El silencio de no frenar.
El silencio de no admitir que estás cansada.

Por eso desgasta tanto:
es una batalla que se libra por dentro, sin testigos, sin descanso, sin permiso.


🌫 El cansancio emocional disfrazado de normalidad

La mayoría de las veces, el cansancio interior se confunde con vivir.

Porque sigues funcionando.
Sigues haciendo.
Sigues cumpliendo.

Y piensas: “No estoy tan mal, solo un poco baja de energía, ya se me pasará.”

Pero yo, que te observo desde mis mareas, sé leer las pequeñas señales que te cuesta nombrar:

  • No duermes mal, pero no descansas.

  • No estás triste, pero todo te pesa.

  • No estás desmotivada, pero nada te entusiasma.

  • No estás saturada, pero todo te irrita.

No estás rota.
Estás desbordada suavemente.

Como una taza que no se derrama, pero tiene el borde ya temblando.


🦪 La carga emocional que no quieres soltar

Los humanos tenéis algo que admiro mucho:
creéis que podéis con todo.

Y a veces, sí.
Pero otras, esa creencia se convierte en la cuerda que os ata.

Hay cargas que no sueltas porque te enseñaron que hacerlo es fallar.
Hay límites que no pones porque te da miedo perder amor, respeto o estabilidad.
Hay emociones que te guardas porque “no toca molestarse”.

Y yo te pregunto, desde mis ocho brazos que abrazan sin prejuicios:

¿En qué momento te convenciste de que debías ser infalible?
¿Quién te dijo que el mundo se cae si tú aflojas?
¿Quién te empujó a sostener más de lo que una sola alma puede cargar?

A veces no eres fuerte:
estás tensada.
Y eso no es virtud; es alerta.


🌬 Cuando la exigencia viene de dentro

No siempre es el mundo el que te exige.
A veces eres tú.

Sé que no es fácil admitirlo, pero escúchame con suavidad:

Hay una parte de ti que cree que no es suficiente.
Una parte que piensa que tiene que hacer más, ser más, lograr más, demostrar más.

Y esa parte trabaja sin descanso.
Aunque tú estés sentada, ella corre mar adentro.

A veces corres para no decepcionar.
A veces corres para no sentir.
A veces corres para no pensar en ese vacío que aparece cuando te detienes.

Pero te digo algo desde la hondura del océano:

No se avanza por correr.
Se avanza por reconocer dónde estás.

Y tú estás cansada, pequeña humana.
Cansada en ese sitio donde no se nota, pero se siente.


🐚 Señales que tu cuerpo envía cuando te exiges demasiado

El cuerpo habla con un lenguaje que la mente ignora.

Si algo te aprieta en el pecho, no es casual.
Si algo te falla en la concentración, tampoco.
Si estás en automático, si suspiras más de lo normal, si te cuesta sentir alegría en cosas que antes te iluminaban…
eso es tu cuerpo tocando la campana del puerto, diciendo:

“Eh… estás haciendo demasiado para lo que tu alma puede sostener ahora.”

El cansancio interior no se mide en horas, sino en desconexión.
Cuando te desconectas de ti, te quedas sin energía, aunque duermas doce horas o tomes vitaminas.


🐚 La trampa del “no es para tanto”

Lo oigo mucho en vuestras mentes.
Ese pensamiento que minimiza el dolor, la carga, el cansancio.

“No es para tanto.”
“Hay gente peor.”
“No debería quejarme.”
“Seguro mañana se me pasa.”

Pero yo, que soy un pulpo y no un juez, te digo algo simple:

Si algo te pesa, importa.
Si algo te cansa, existe.
Si algo te ahoga, aunque sea poquito, merece atención.

Tu alma no habla en mayúsculas.
Habla en microseñales.
Tu deber no es compararlas, es escucharlas.


🌙 Cuando todo parece normal, pero tú no

La sobreexigencia interior es la más difícil de detectar porque no rompe nada.

No te deja en cama.
No te hace llorar desconsoladamente.
No detiene tu vida.

Solo la empaña.

Vas tirando, pero sin brillo.
Caminar no cuesta, pero avanzar sí.
Respiras, pero como si te faltara una bocanada más profunda.

Tú dices “estoy bien”.
Yo digo “te estás quedando sin mareas”.


✨ ¿Por qué te exiges tanto?

No importa la historia concreta, casi todas llevan a uno de estos puertos:

  • Quieres ser valiosa.

  • Quieres no molestar.

  • Quieres ser fuerte.

  • Quieres sentir que sirves.

  • Quieres evitar el vacío.

  • Quieres que no te abandonen.

  • Quieres cumplir con una versión de ti que ya no existe.

Y esa es la clave:
te exiges porque te estás defendiendo.

No del mundo.
De tus propios miedos.

Pero el alma no se fortalece acumulando cargas, sino soltándolas.
Y tú puedes soltar más de lo que crees.

🌊 Cuando sostienes más de lo que te toca

Llevo mucho tiempo observando a los humanos desde mis cuevas de sombra azul, y he visto un patrón que se repite siempre igual:
cuando alguien empieza a cansarse por dentro, suele creer que la única solución es aguantar un poco más.

Como si apretar los dientes fuera una virtud.
Como si cargar con todo fuera un signo de amor.
Como si romperse en silencio fuera algo admirable.

Déjame decirte algo desde mis tres corazones:

Sostener más de lo que te toca no te hace fuerte, te hace invisible… incluso para ti misma.

He visto humanos que sostienen familias enteras, proyectos, dolores heredados, silencios que no saben a quién contar.
Y todos tienen la misma frase en los labios:
“Estoy bien, solo cansada.”

Pero lo que están es excedidos.

Cuando llevas demasiado, no te rompes hacia afuera:
te rompes hacia adentro, despacito, como el coral que se erosiona marea tras marea.


🐚 La mentira de “si paro, todo se desmorona”

Lo sé.
Sientes que si aflojas un poco:

  • decepcionarás a alguien,

  • perderás algo,

  • dejarás un hueco imposible de llenar,

  • o demostrarás que no eres tan capaz como aparentas.

Pero, ¿sabes?
El océano no se desmorona cuando una ola descansa.
El mar sigue siendo mar.

Y tú sigues siendo tú si paras.
No pierdes valor por respirar.
No pierdes dignidad por decir “necesito un momento”.
No pierdes amor por admitir que estás cansada.

Tu fuerza real no está en aguantar, sino en escucharte.

Y escucharte significa, muchas veces, soltar parte de lo que llevas entre manos.


🐚 La forma más silenciosa del cansancio: cuando ya no puedes sentir

El cansancio profundo no siempre se nota como agotamiento.
A veces se nota como anestesia.

Pasan cosas buenas y no las celebras.
Pasan cosas malas y no te tumban.
Todo te pasa por encima como si tu alma estuviera mirando desde fuera.

Eso no es paz.
Eso no es madurez.
Eso no es equilibrio.

Eso es saturación emocional.

Cuando te exiges demasiado, lo primero que sacrifica tu sistema es la capacidad de sentir plenamente.
Porque sentir consume energía.
Y si estás en reserva, tu alma la ahorra.

Por eso te vuelves plana, irritable, desconectada de lo que antes te daba vida.

No es que ya no te guste nada.
Es que no te queda espacio para sentir.


🌧 La irritación que aparece sin aviso

Una pequeña cosa te molesta más de lo normal.
Una conversación que antes llevarías bien te satura.
Una mínima petición te parece una montaña.

Tu primera reacción suele ser culpa:
“Estoy insoportable, no debería reaccionar así.”

Pero yo te digo:

La irritación no es mal carácter.
Es un mensaje.
Es tu alma diciendo:
“Ya no tengo capacidad para sostener más.”

La irritación es una señal de borde.
Una alarma de saturación.
Una llamada al descanso que no quieres escuchar.

No te juzgues por eso.
Obsérvate.
Agradécelo.
Está avisándote a tiempo.


🐙 Lo que tu alma intenta decirte cuando te exige parar

A veces el cansancio interior es un simple aviso de pausa.
Pero otras veces… es una señal de transformación.

El alma sabe cuando una versión de ti está caducando.
Y cuando eso ocurre, el cuerpo y la mente empiezan a agotarse porque están sosteniendo una identidad que ya no te sirve.

No estás cansada por lo que haces.
Estás cansada por lo que ya no eres.

La sobreexigencia suele aparecer cuando sigues empujando una vida que tu alma ya ha superado.

Por eso te preguntas:

  • “¿Por qué esto que antes podía ahora me pesa tanto?”

  • “¿Por qué hago lo mismo de siempre, pero me agoto más rápido?”

  • “¿Por qué siento que ya no me encuentro en mi propia rutina?”

La respuesta es más simple de lo que parece:
estás en transición.

Y las transiciones cansan.
Requieren energía.
Y además, te obligan a soltar.


🐚 El cuerpo como faro interior

Tu cuerpo es como un faro viejo pero fiel.
Siempre señala lo que tu mente intenta esconder.

Si te duele la espalda, quizá llevas más de lo que debes.
Si te pesa el pecho, quizá estás reprimiendo lo que necesitas decir.
Si te late la sien, quizá estás forzando pensamientos que ya no sostienen tu verdad.
Si te cuesta respirar profundo, quizá llevas días sin hablar contigo misma.

No necesitas sabiduría mística para entenderte.
Solo necesitas detenerte lo suficiente como para escuchar tus señales físicas.

El cuerpo nunca miente.
La mente, siempre.


🌬 Cómo empezar a descansar de verdad (sin sentir culpa)

Aquí te doy algo sencillo, suave, muy humano:

🐚 1. Para un momento, aunque sea incómodo

El descanso real no llega cuando tienes tiempo.
Llega cuando te permites sentir.

🐚 2. Elige una sola cosa que puedas soltar hoy

No todo.
Solo una.
Algo pequeño.
Un gesto.
Un pensamiento.
Un “tengo que”.

La marea se calma paso a paso.

🐚 3. Pregunta a tus tres cuerpos: mente, emoción, cuerpo físico

  • ¿Qué estoy pensando que me agota?

  • ¿Qué estoy sintiendo que no he atendido?

  • ¿Qué está diciendo mi cuerpo desde hace días?

Esas tres respuestas te dan un mapa.

🐚 4. Deja de sostener a todos

No eres faro permanente.
También necesitas luz.

🐚 5. Date permiso para no rendir al 100%

La sobreexigencia nace del miedo a no ser suficiente.
Pero tú ya lo eres.
Incluso cansada.


🐙 El mensaje final de Clic

Te lo digo desde lo más profundo de mi cueva azul, donde la luz llega filtrada y suave:

No estás cansada porque seas débil.
Estás cansada porque llevas demasiado tiempo siendo fuerte sin descanso.

Y eso… también desgasta.

Pero estás a tiempo de parar.
De escucharte.
De soltar.
De volver a ti.

Yo me quedo aquí, contigo, para recordártelo cuando las olas suban demasiado.

Clic 🐙

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