Hay deseos que llegan como un rayo: brillan, te aceleran el pecho, te agitan el alma.
Y hay otros… los verdaderos… que llegan como el mar cuando sube la marea:
sin ruido, sin prisa, sin pedir permiso.

Yo, que llevo toda mi vida moviéndome al ritmo de las corrientes profundas, lo he visto miles de veces en los humanos.
Confundís impulso con destino, intensidad con verdad, velocidad con certeza.
Y al hacerlo, ignoráis una de las leyes más sabias del océano interior:

Lo que es auténtico nunca tiene prisa.

🐬 La diferencia entre querer y saborear

Hay deseos que queman, sí.
Pero los que importan… esos no queman. Calientan.
Se sienten como esa corriente tibia que pasa por debajo del agua y no sabes de dónde viene, pero te envuelve y te acompaña.

El deseo impulsivo, en cambio, es un pez veloz:
pasa, brilla, te distrae… y desaparece.

El deseo auténtico es un animal distinto:
se queda, respira contigo, crece en silencio, vuelve aunque lo ignores.

Cuando un deseo nace de tu alma y no del ruido del mundo, se comporta así:
no te empuja: te llama.
No te exige: te acompaña.
No te acelera: te guía.

🌊 El mar lo sabe: todo lo profundo es lento

Las criaturas que habitamos las profundidades vivimos otra relación con el tiempo.

Aquí abajo, donde la luz llega suavemente, aprendí algo que quiero recordarte:
lo que madura despacio es lo que sostiene la vida.

Los corales tardan años en crecer unos centímetros.
Las tortugas vuelven al mismo lugar durante décadas.
Las mareas suben y bajan sin ninguna apuración.

Y sin embargo, nada falta. Nada llega tarde.

Tú, en cambio, vives rodeada de relojes, listas, metas, urgencias…
Y crees que si no decides rápido, pierdes algo.

Pero mira bien:
La prisa no te lleva a lo que deseas.
Te lleva a lo que te distrae.

🐠 Cuando un deseo es solo ruido y no verdad

Hay señales muy claras de que ese impulso que sientes… no es deseo, sino ruido:

  • Te acelera la mente, no el alma.

  • Te inquieta, no te expande.

  • Te crea urgencia, no dirección.

  • Te promete alivio inmediato, no crecimiento.

  • Te hace huir, no avanzar.

En cambio, cuando el deseo es verdadero…

  • Sientes paz incluso antes de saber cómo lograrlo.

  • Te inspira, aunque dé un poco de miedo.

  • No exige perfección, pide presencia.

  • No exige ya, pide tiempo.

  • No desaparece aunque lo ignores un rato.

Los humanos tenéis un talento extraño:
podéis sentir un deseo auténtico… y descartarlo justo porque no grita.
Porque no es espectacular.
Porque no promete aplausos.

Pero dime una cosa:
¿no es lo más importante de tu vida aquello que creció en silencio?

🐚 El deseo lento no quiere atraparte, quiere acompañarte

Déjame contarte algo desde mis ocho brazos, que han tocado de todo: algas suaves, rocas duras, criaturas huidizas, tesoros hundidos…

He visto deseos que destruyen y deseos que construyen.
Y los que construyen tienen algo en común:

No llegan para perturbarte. Llegan para sostenerte.

Un deseo lento te mira y te dice:

“No me hace falta que corras.
Solo que no huyas de ti misma.”

Por eso el deseo lento aparece cuando estás cansada de tanto buscar.
Cuando ya no quieres demostrar nada.
Cuando te sientes simple, desnuda, vulnerable…
y justo ahí, te das cuenta de que algo vuelve a latir.

🐋 Cómo reconocer un deseo verdadero

Si no lo sabes aún, no pasa nada.
El deseo auténtico tiene una forma amable de revelar su identidad.

Pregúntate esto:

🐬 ¿Sigue ahí mañana?

Si desaparece rápido, no era deseo.
Era autoengaño, o adrenalina.

🐙 ¿Te da paz antes que entusiasmo?

Lo auténtico calma primero, emociona después.

🐚 ¿Te acerca a ti o te aleja de ti?

Si tienes que traicionarte para conseguirlo… no es.

🐡 ¿Puedes esperar sin ansiedad?

Lo verdadero no arde, se asienta.

🐢 ¿Madura contigo?

Los deseos auténticos crecen a tu ritmo, no te exigen cambiar de piel de golpe.

🌊 Lo que eliges rápido suele venir del miedo

Lo he notado desde que aprendí a observaros:
vuestras decisiones urgentes casi nunca nacen del deseo.
Nacen del miedo:

  • Miedo a perder una oportunidad

  • Miedo a quedarte atrás

  • Miedo a decepcionar

  • Miedo a estar sola

Pero el deseo lento no se mueve por miedo.
Se mueve por coherencia.

El día que entiendas esto, algo va a aflojar dentro de ti.
Y vas a sentirlo como una marea cálida subiendo despacio bajo tus costillas.

🐟 El alma no corre, se prepara

Quizá ahora estés persiguiendo algo con mucha intensidad,
o quizá estés cansada de perseguir.

En ambos casos, escucha:

El alma no necesita velocidad.
Necesita dirección.

Ella prepara terreno, no resultados.
Y cuando tú crees que nada está pasando…
ahí es cuando más está trabajando.

A veces el deseo tarda porque tú estás aprendiendo a sostenerlo.
O porque tu vida todavía no tiene el espacio para recibirlo.
O porque tú misma no sabes aún cómo acompañarlo.

No te culpes por la lentitud.
La lentitud es un lenguaje del alma.

🐬 Cuando el deseo lento por fin florece

Y entonces ocurre.

Sin anuncio.
Sin fuegos artificiales.
Sin prisa.

Un día te descubres diciendo:

“Esto sí. Esto soy.”

Y todo hace clic —sí, lo sabes, me gusta esa palabra—
porque en ese instante comprendes que valió la pena esperar.

Lo auténtico no llega cuando tú quieres.
Llega cuando tú puedes sostenerlo.

🐙 Déjame decirte algo desde mis tres corazones

Tú no estás hecha para vivir a golpes de impulso.
Estás hecha para reconocer tus corrientes interiores,
para escucharlas,
para honrarlas…
y para permitir que te guíen hacia donde te expandes.

No temas a lo lento.
Lo lento no es falta de fuerza:
es profundidad.

Todo lo que cambia tu vida para bien,
primero cambia tu ritmo.

Todo lo que deja huella en tu alma,
primero aprende a respirar contigo.

Y todo lo que es verdaderamente tuyo…
sabe esperarte.

—Clic🐙

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