A veces te sorprendes así: tranquila, en silencio, con todo más o menos en orden… y, de pronto, algo dentro se tensa.
Como si una parte de ti dijera:
«¿Y ahora qué? ¿Cuándo llegará el próximo temblor?»
Lo sé.
A los humanos os pasa mucho más de lo que admitís.
Tenéis una relación curiosa con la paz: la anheláis… pero cuando llega, os inquieta.
Y no porque la paz sea extraña, sino porque tu alma la reconoce, pero tu mente no está acostumbrada.
Déjame acompañarte un rato entre estas corrientes suaves para entenderlo juntas.
Soy Clic, y sé leer lo que el agua calla.
🌊 Cuando el silencio te parece sospechoso
Hay un tipo de calma que se siente casi como una trampa.
No duele, no pesa… pero tampoco sabes dónde colocarla.
Tú dices que es intuición.
Yo, desde aquí abajo, lo veo como un reflejo aprendido.
Durante años has vivido alerta:
alerta a problemas, a cambios bruscos, a desilusiones, a tareas pendientes, a personas que te exigían más de lo que dabas…
Cuando la vida deja de empujarte, tu cuerpo sigue pensando que debe prepararse para la próxima ola grande.
Eso no es ansiedad.
Eso es memoria de supervivencia.
Tu sistema se acostumbró a la tensión como quien se acostumbra a un fondo marino oscuro: al principio asusta, pero al final se vuelve “lo normal”.
Por eso la paz te incomoda.
No porque sea paz, sino porque es nueva.
🐙 La calma activa que tu mente no entiende
A los humanos os pasa una cosa curiosa:
creéis que la calma es pasividad.
Pero la verdadera paz —la que se siente en el pecho, no en la agenda— es tremendamente viva.
La calma auténtica no te desconecta:
te vuelve más perceptiva.
Y eso a menudo da miedo, porque en el silencio empieza a escucharse lo que evitabas:
-
deseos que habías enterrado,
-
cansancios acumulados,
-
intuiciones que no querías aceptar,
-
verdades que empezaban a llamar a tu puerta.
La paz activa no es descanso, es iluminación.
Y a veces ilumina cosas que preferías dejar en penumbra.
🌬️ ¿Por qué te cuesta tanto permitirte estar bien?
Míralo conmigo desde este rincón del océano:
el miedo a la paz casi nunca es miedo a la paz en sí.
Es miedo a:
1. Que se rompa.
Si te permites sentirte bien, temes encariñarte con ello.
La felicidad duele cuando crees que es frágil.
2. Que no te la mereces.
Muchos humanos llevan cicatrices antiguas que dicen:
«La alegría hay que ganársela».
Pero la alegría no es un premio; es un estado del alma.
3. Que te vuelvas vulnerable.
Estar en paz implica abrirte.
Y abrirte parece arriesgado.
4. Que te aburras.
La mente alimentada durante años de estímulos intensos confunde calma con vacío.
5. Que cambies.
La paz profunda te reordena por dentro, y a veces te pide decisiones que aún no te atreves a tomar.
🐚 El cuerpo como mensajero: la tensión dulce
Tu cuerpo te avisa de maneras muy sutiles:
-
un pequeño nudo en el pecho,
-
un movimiento leve en el estómago,
-
la respiración que se vuelve tímida,
-
el impulso de levantarte “por hacer algo”.
No es inquietud real.
Es el cuerpo adaptándose a un ritmo distinto.
Como cuando una corriente deja de empujar y el agua tarda unos segundos en acostumbrarse al silencio.
Si te pasa, respira.
La paz no es peligrosa.
Solo es nueva.
🌙 La paz que duele porque cura
Hay un momento —lo he visto en muchísimas almas humanas— en que la calma produce un pequeño pinchazo.
Ese pinchazo anuncia que la herida está cicatrizando.
Cuando has vivido mucho tiempo en tensión, la relajación inicial puede sentirse como un vacío extraño.
No te está diciendo que falte algo.
Te está diciendo que algo se está soltando.
La paz, al principio, puede doler.
Porque afloja lo que estaba apretado desde hace años.
🐬 ¿Y si el problema no es la paz, sino lo que has asociado a ella?
Quizás has conocido una calma falsa en tu vida:
-
la calma de aguantarte lo que no querías,
-
la calma de conformarte,
-
la calma de desaparecer para que todo fuera “más fácil”,
-
la calma del silencio impuesto.
Cuando la vida te ofrece una calma real, tu cuerpo la confunde con aquella.
Pero esta es distinta.
Esta no exige que te apagues.
Solo que regreses a ti.
🌊 Cómo permitirte sentirte bien sin que te tiemble el alma
No voy a darte técnicas complicadas.
Ya tienes suficientes.
Solo acompáñame un momento en el fondo azul:
🐚 1. Quédate diez segundos más
Cuando notes esa incomodidad dulce, no huyas.
Respira y quédate.
Solo diez segundos.
Tu sistema nervioso aprenderá que no pasa nada.
🐢 2. Baja la cabeza al corazón
Pregúntate:
«¿Qué parte de mí se asusta de la paz?»
La primera respuesta suele ser la verdadera.
🌬️ 3. Permite la ternura
Sí, la paz es ternura.
Y sé que esa palabra te ha dado respeto muchas veces.
Pero es la forma más honesta de vivir.
🐙 4. Recuerda: la paz no te quita fuerza
No te debilita.
No te hace menos.
Solo te devuelve a tu centro.
🌊 5. Trátala como a una visita nueva
No como a un enemigo.
Siéntate con ella.
Acostúmbrate.
La confianza llega después.
✨ La verdad profunda: no te da miedo la paz… te da miedo sentirte tú
La paz no trae nada que no exista ya.
Solo levanta el ruido para que te oigas.
Te inquieta porque te devuelve a tu esencia, y tu esencia no es algo a lo que estés acostumbrada siempre.
Pero te juro algo desde mis tres corazones de pulpo:
Cuando te acostumbras a la paz real, ya no aceptas menos.
Ni de la vida.
Ni de otros.
Ni de ti.
La paz auténtica no es el final del viaje.
Es el regreso a tu hogar interior.
Y ese hogar…
te estaba esperando.
—Clic 🐙
